Destierro
Y he aquí –dije yo– cuál será, al volver a hablar de la poesía, nuestra justificación
por haberla desterrado de nuestra ciudad,
siendo como es:
la razón nos lo imponía.
Platón
República, Libro X
Shangri-La Aztlán Arcadia
Mahoroba Xanadú
Cíbola Kalāpa
la Atlántida el Dorado
el Edén.
de
mejores
sitios
también
nos
echarían.
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Genoma
Será la humanidad un código encarnado
ente vocablo seminal
informado sobre corteza
terrestre placa madre
imperativo causal
doblegado en el reino
magnético de la memoria
voluntad data acorazada
fenómeno óptico puerta de Tannhäuser
que anuncia la frontera con los dioses
en la yema de sus dedos un cuerpo infinito
en los ojos coloreada
la interfaz
de todo lo real
globo ocular jabalina indetenible
perforamundo mirada digito mirada factum
desbordada en la plenitud de ser
cayendo en cascada matriz
extendiéndose a la imagen acercándola
vistiéndola de sí misma de y o
p r
o l o
n g a
d o
yo trascendental yo
abecedario de inagotables combinaciones
siempre reconociendo reconociendo
reconociendo reconociendo reconociendo
reconociéndose en todo.
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Espíritu
Un olor a temprano
baja por la penumbra
todavía dormidos los colores
sobre las cosas
mis manos se abren
como sospechando la tibieza
de una luz colmada de primeras veces
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Demostración
Naufragando en
la filosofía, intento decir en términos posibles lo que sólo tuviera poder de
expresar la poesía, que es el lenguaje de lo imposible
Georges Bataille
L'Impossible
Toda esencia sobreviene en el mayor de
los escándalos,en derrumbe y sepultamiento de propios y ajenos; quien se atreve
a meter mano en el alud −dynamis
que arrastra consigo la
frontera de lo ignoto− frecuentemente acaba manco, mocho o atrofiado[1].
La naturaleza de este hecho −la ontogénesis del mundo− es motivo de amplia confusión y controversia, según consta, pues
ya desde los griegos creyose estable la materia y sujeta a una forma
y al pensar la cosa se le
vio emanar un fulgor iridiscente
y olvidando la absoluta
contingencia de los suelos nos postramos sobre ellos de rodillas
y miramos a nuestro lado −una mirada oblicua, de soslayo−,
y no quisimos ver ni oír nada más, obliterados en aquella pose,postrados
entre el miedo y la esperanza
y los suelos sintieron entonces −digo que tuvieron
la capacidad de percibir− la tibieza de la sangre
y seguramente hubo de sorprenderse la tierra por el impacto de los
coágulos ya formados, letra muerta antes de nacer en cuyo nombre fue reventada
la membrana que nos separaba, pero que nos mantenía adentro como en un mismo
útero
y los que jugaban a la aniquilación vieron acabarse el juego
y cuando se movieron las placas tectónicas temblaron a su vez los
hombres; las formas, antes preclaras, ocultas ahora en un hervidero de sombras,
todas las cosas de súbito opacas
y en la prisa atribuyeron todo a la ebriedad de un Dios
inmisericorde, un Dios a imagen y semejanza de la misma muerte de la que fueron
artesanos
y fue ahí cuando bebieron y bebimos todos
y de puro estar rascaos fue
que tuvimos el aplomo de mentirnos a la cara con total honestidad
y cantamos
y de la blasfemia surgieron nuevamente lustrosas todas las cosas y
sus nombres
y amenazados por la inexorable resaca de Dios prolongamos la
borrachera −como consta en el orden categorial de los conceptos puros−, procurando celebrar la bebida y haciendo de ella liturgia
Y es así como llegamos al quiddel asunto, cabiendo acotar que la
discusión sobre el protocolo del brindis −y sobre si este
debe efectuarse con la mano derecha o con la mano izquierda− no importa tanto como la transparencia de las copas y su
exactitud numérica, que no puede ser menor a dos (2)[2]
pero que puede prolongarse tanto como sea necesario dentro del conjunto de
todos los números enteros. Este pacto protocolar es el clavo ardiendo del que
nos asimos una vez que se ha hecho añicos toda narrativa, quod erat demonstrandum.
[1]Caso excepcional el de Miguel de Cervantes, a quien no puede acusarse de
semejante temeridad.
[2]Considérense éstos como los juicios sintéticos a priori sin los cuales
quedaría socavada toda actividad lúdica.
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Bajo el aspecto del tiempo
Lo humano se parece tanto
a la idea que naufraga
contra las comisuras de la historia
ahí donde cualquier orilla es buena
para sentarse y esperar
a que el reflujo nos devuelva
el fetiche por los escombros
fe de número racional
fracturado en la matemática del olvido
certeza en el oficio metalúrgico
que agita a Tetsuo con su pene-taladro
cuando menos dogma
consagrado a la sinapsis entre dos lenguas
que se entraman
y retuercen
por los reveses de la noche
como queriendo hacer de las horas
un jarabe dulce que espese
la vida en piel
bajo el aspecto del tiempo
toda inclinación es hambre
barrida por la torva tierra
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una terrible transparencia
se estaciona
sobre nuestras ciudades
inundando las calles con el
canto
del fin del mundo
encandilados
de afán por lo impoluto
moramos
la blancura tautológica
del
quirófano
ajenos
al Dios que brega en el fango
con
sus dedos como versos largos
capaces
de sostener las antípodas del poema
así padecemos la soledad
del verde
vulnerables ante el
sonambulismo de los
nombres y los dígitos
desorientados como peces
forasteros
de otras aguas
permanentemente
en la espera
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Manuel Gerardi

