Un ente vivo que necesita respirar:
el cine latinoamericano según Carlos Aguilera
Por: John
González
¡Luces,
cámara y…! En esta última parte, el cliché del espectáculo se hace realidad. Es
la acción lo que acontece después. El actuar no es solo aquello que una
pantalla nos muestra. Soy de los que piensa que la sola acción de vivir ya es
un acto revolucionario, sin importar la procedencia o las condiciones. Más allá
de eso, hay que hablar del cine como lo que es: un arte. Además, un arte muy
valorado, más aún cuando hay talento que lo respalde.
Es
aquí donde la acción recae en Carlos Aguilera (México, 1986). Cineasta,
guionista, escritor, mexicano, latinoamericano, amigo… Carlos sabe que hay
millones de historias que pasan por nuestros ojos día tras día. La ventaja que
él tiene es que sabe cómo contarlas. Hoy, hablaremos un poco sobre lo que
significa llegar a la actividad fílmica en México y cómo podemos formar un
imaginario colectivo en torno a lo que el cine en Latinoamérica promete: contar
una historia interminable, indescifrable y absolutamente evocadora.
***
El
cine es una extensión de la vida. ¿Cómo vive Carlos el cine?
Es
una oportunidad de romper con lo cotidiano. Un fragmento de libertad. Hay una
frase, no recuerdo si es maya o azteca, que dice “a este mundo hemos venido a
dormir, hemos venido a soñar, porque no es verdad, no es verdad que vengamos a
vivir la realidad”. Creo que el arte es la rebelión en contra de esta realidad
tirana que nos ata a lo común. Así que, para mí, el cine es quitarme esas ataduras,
aunque sea por un ratito.
El
cine latinoamericano ha crecido progresivamente a lo largo de los años,
colocándose a la par de grandes producciones extranjeras. ¿Qué tipos de
historias debería abordar el cine latinoamericano actual?
Me
parece algo que no tiene una respuesta real en concreto. Ya que, aunque en
Latinoamérica compartimos muchos rasgos culturales, además del idioma entre los
países que los conformamos, también existen grandes diferencias. Grandes mitos
y leyendas que hacen a Latinoamérica una región sumamente rica en historias y
hasta en la manera de contarlas a mí en lo personal me gustaría que pudiéramos
deshacernos del melodrama.Nos urge ser los héroes de nuestra propia historia y
dejar de ser víctimas de las circunstancias.
Se
suele considerar mucho más las producciones elaboradas en la capital. ¿Cómo es
el cine en otras provincias mexicanas?
Con
escaso apoyo y escasa difusión. Sin embargo, aquí (en Celaya, Guanajuato)
estamos para contar las historias del pedacito de tierra donde que nos toca conocer
y vivir. Porque además si querer menospreciar el trabajo y el cine de la
capital, hay también muchísima riqueza en la provincia, no solo por extensión de
territorio, además porque es la visión y la manera de vivir de millones de
mexicanos.
El
cine existe gracias a la literatura. Como escritor, ¿cómo manejas la dinámica
de escribir y dirigir?
Me
encantan ambas partes. A veces creo que el trabajo de cualquier artista es similar
al de un padre, en el sentido de que construyes y tienes que dejarlo caminar y
aceptar cuando la historia escrita se separa de la historia audiovisual. Dejar
que camine por sí misma y hasta te sorprenda. De alguna manera, es aceptar que
lo que estás creando es un ente vivo que necesita respirar. A veces ocurre que
te pones necio con una idea, una toma, una frase y cuando lo ves en la
pantalla, resulta que no era lo mejor para el proyecto. Así que tienes que
guardarlo en el cajón y aceptar que tu historia ya toma decisiones propias.
El
cine tiene mucha historia detrás. Según tú perspectiva, ¿hay alguna historia
que consideres que valga la pena llevar a la gran pantalla?
Muchísimas. Desde
la historia de grandes actores del cinemexicano (y latinoamericano), algunos ya
se han hecho, como la de Pedro Infante y Cantinflas, además de los grandes
directores. Aunque yo estoy más seducido por el lado de los mitos y las
historias fantásticas creo que en el cine y en la literatura se puede explotar
enormemente este ámbito. Y también es importante conocer ambas artes, aunque
coincido con que están íntimamente ligadas. Ambas tienen gran valor cuando las
abordas como independientes.
***
Acostumbro
a cerrar cada entrevista con una conclusión. Hoy, no creo que sea justo hacerlo.
Concluir implica dar un cierre, un final a todo aquello que se ha contado
previamente. ¿Acaso puedo yo poner un punto y final a las historias de las
personas que viven el día a día, sin nada más que la esperanza de un mañana
mejor? No. No seré yo quien lo haga. Sé que Carlos me apoya en esto. Ambos
tenemos una especie de “plan de dominación mundial” donde prevalecerá el arte -
su arte - por encima de todo, nutriéndose cada vez más del amor a la vida que
las personas de América latina profesan con sus gestos, con sus talentos, con
sus miradas punzantes y dóciles, con sus luces. Solo falta que Carlos ponga la
cámara y nosotros haremos el resto.
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Carlos Aguilera