Caballo
Hacer de mi baile una runa.
Una tuerca de conjuro plantular. Un esperpento nervioso.
Que sube y se agota en la luz. Que se tuerce. Y se estruja solo para buscarla
Que sube. Y brota desde los pies a la oración del dios de la tierra
Hacer una mueca tubular. De verdes siembras adentro como la vaina ensemillada. Anillada en turba contra las parcas. Anidada en brote contra los holocaustos. Mi pobre baile. Mi insignia de joven hembro perdido.
Soy el pie que insisto sobre lo quebrado. y en el arco abigarrado de mí, plantan, zumban como canciones los arcos musicales de todas las ingles. Toda la lujuria Bantú. Todo lo bendito del banco. Del caballo que soy el espíritu. De la garganta trunca por la venia del cante.
Ay lololoe, Ay lololoe
El santo baila entre las mariposas. Las capas de las flores lo despiertan de su sueño.
ay lololoe a mí no me tumba nadie.
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Anti-epitafio
No es complacencia su labor.
De sobras: la gusanera.
Salven. Esta magra carne
Que el aire y los ojos todavía hacen ¿sonreír?
No caben un dolor más sobre la tierra. Tiendan al viento esta ignominia y bostecen, que el más allá es de puro hastío.
Eso sí,
miren la tarde que quizás llueva. Y todo lo bueno que llueve soba la ausencia.
Evítenleme al escarabajo, que el cuerpo ya no lo quiero
Abandónenmele. No basta que el buitre me pula de huesos.
Eso sí,
toquen siempre porque el canto es una boca al otro mundo.
Y ahí sí
quiero desandar.
Préndanmelo todo. Espanten la plaga conmigo al final de la tarde como buena costra que seré. Y por favor que yo sirva. Que no haya secreto por ser incinerado. Que no amarguen por este las flores. Que ni tallen nombre sobre la piedra.
No partan en la nave de la lágrima. No pidan que se me abra la puerta. Invóquenme, eso sí, de noche.
y eso sí,
que yo sirva.
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Sopapo
Ahí viene la mano, viene
pesada y torpe, ahí viene
La mano gorda y con el dedo inmundo
viene ¡ay! A apagar la llama tibia de las velas
(palmar)
Ahí viene, ay,
ahí…la mano ensalivada de verbo […empastada..] de –rrea. Dándosela de pulcra, ahí,
viene,
la mano libada, gorda, de apretón, de palmada, de hormigueo
la mano conciliadora, ahí, ¡ay!, viene, la mano de granizar el tiempo
a cebar con aplausos el intestino
(dorsal)
La mano de la ley nada tiene
que ver con otras manos
no hace goles, ni arma anillos [pero los posa]
la mano de la ley tiene la palma rota
no da cuenco, no sostiene
pero todo lo detiene, la muy toda:
toda empírica,
toda dueña, toda,
toda arrogante, guante, sin aguante
toda fluorescente la mano de joder, ni se inmuta
la mano de la ley abofetea al aire
y nos hace correr tras un aplauso.
Oswaldo Flores Cumarín
(Caracas, 1985) Poeta, docente y licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Impartió talleres de aproximación a la escritura poética para la Fundación Casa de las Letras Andrés Bello de Venezuela, entre los años 2012-2016, y fue conductor, bajo la misma casa, del programa radial Habitantes de la Palabra. Formó parte del colectivo poético Ciudad de la Hoz, donde se desempeñó como poeta, además de productor y conductor de su programa radial homónimo en La Radio de Sur en Venezuela. Forma parte, desde el año 2019, del colectivo poético experimental Los 4 grados del fuego: laboratorio emsamblático de topografías multiversales. Además, es tesista de la maestría de Literatura Latinoamericana por la Universidad Simón Bolívar. Fue galardonado, en el año 2022, con el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca en su mención poesía por su poemario Mal de oficio (2022). Actualmente se dedica a la investigación y práctica del juego de garrote venezolano y diversas tradiciones musicales afrovenezolanas, además de la escritura ensayística y poética. Poemas suyos han sido publicados en revistas, impresas y digitales, como la Revista Poesía, Mentekupa, Resolana, Digopalabra. txt y Letralia.
Fotografía de portada: Giovanni Rodríguez -Kamerún-

