POTENCIALIDAD FEMENINA Y RIGOR CÓSMICO EN EL POEMARIO EL GRIMORIO UNA BRUJA MALA DE LYNETTE MABEL PÉREZ


Alberto Martínez-Márquez

Departamento de Humanidades

Universidad de Puerto Rico en Aguadilla


     Según indica Karl Marx en su magnum opus Das Kapital, la acumulación originaria, es decir, el proceso de acumulación de capital que trajo como consecuencia la privatización de los medios de producción, fue responsable de aniquilar las formas comunales de vida y reparto de riqueza, que conduciría al dominio del sistema capitalista. Respondiendo a Marx, la célebre filósofa y militante italiana Silvia Feredici, establece que esa dinámica de expropiación debe extenderse al estudio de las políticas de control sobre el cuerpo de la mujer que diseñaron los estados a partir del siglo XVI. El sujeto femenino deviene, entonces, a juicio de Federici, máquina de trabajo y reproductora de la fuerza laboral.

    En su libro, Calibán y la bruja: mujeres, cuerpos y acumulación primitiva, Federici critica el silencio de la tradición marxista en cuanto a la exposición y al análisis de la cacería de brujas que tuvo lugar en Europa y el Nuevo Mundo, tanto en países católicos como los protestantes, durante la transición del Feudalismo al Capitalismo. Ocurre, entonces, según plantea Federici, una domesticación de la mujer y, por ende, un nuevo contrato sexual, que convierte a ésta en nuevo bien común en sustitución de las tierras perdidas, debido a la privatización. Esta nueva división del trabajo creó nuevos cánones culturales que amplificaron las diferencias entre hombres y mujeres, instaurando estereotipos masculinos y femeninos en detrimento de las mujeres. quienes fueron acusadas de ser “excesivamente emocionales, lujuriosas e incapaces de dirigirse por sí mismas” (180). La demonización de la mujer catapultó la caza de brujas como campaña de terror y nueva forma de dominio, que, como arguye Federici, “jugó el papel principal en la construcción de su nueva función social y en la degradación de su identidad social” (183). Fue de esta manera como:


…la caza de brujas destruyó todo un mundo de prácticas femeninas,

relaciones colectivas y sistemas de conocimiento que habían sido la base

del poder de las mujeres en la Europa pre-capitalista, así como la

condición necesaria para la resistencia en la lucha contra el feudalismo

(183)                                                                                                                                     


     El poemario El grimorio de una bruja mala, de Lynette Mabel Pérez, se inserta en un tono confesional neo-gótico, que da al traste con la narrativa única de la imposición patriarcal que analiza Federici, para restituir un orden femenino que trastoca, transforma y se metamorfosea; a la vez que afirma el carácter de otredad combativa y emergente heterogeneidad. Ya desde la introducción de este libro, la escritora Nelly Jo Carmona advierte que en estos poemas se derrocan las claves y los signos estereotipados. Con esto, se refiere Carmona a la imposición de unos topoi, o lugares comunes, que han operado en la anulación e invisibilización de la mujer, no solo como de ésta ente social, sino como activo agente cultural.

    El grimorio de una bruja mala está compuesto de 93 poemas (tres de estos a dos voces), 10 prosas poéticas y un manifiesto. Como bien indica el escritor español Jesús Calleja Cabo, los grimorios eran manuales que recogían “fórmulas de magia negra, en pergaminos que decían estar hechos de piel de animales y escritos con sangre” de éstos (102). Se trataba de libros nigrománticos de conocimiento mágico que incluían conjuros, hechizos y recetarios de brebajes, atribuidos a santos, monjes, papas y figuras legendarias. Según Calleja:


En Europa fueron conocidos Las clavículas de Salomón, y el Testamento de Salomón, en cuyas páginas se encontraba todo lo divino, lo humano y lo infernal. Otros grimorios brujeriles son El libro mágico de Honorio (se refieren al papa Honorio), El Enchiridión del Papa León III, El pequeño Alberto y El Gran Alberto (la autoría estaba reconocida a san Alberto Magno, Libro de Armandel y otro son menos significativos y animalescos como El Dragón Rojo, La Gallina Negra, etc. (103)


    En este particular grimorio de su autoría, la poeta mocana va rescatando esos silencios y esas obliteraciones, mencionados con anterioridad, como un conjuro de la palabra misma que despliega toda la potencia y elán vital del ser femenino. La bruja se convierte en el arquetipo insustituible e imperioso que pone de manifiesto el dominio transformativo del sujeto femenino. Al exponer esa impronta rebelde, heterodoxa y herética, contra esos cánones del que nos advertía Federici, se va profundizando en la fuerza extraordinaria que acarrea su urgente otredad y que convierte a la mujer, a la bruja, en “extranjera y extraña” (“Pájara” 25); también, en “pitonisa de la necrosis y la insania” (“Basfema confesora” 65). Todo ello está cifrado en el poema “Diosas del sexo desmesurado,” el cual lleva un epígrafe de la poeta mayagüezana Mayrim Cruz Bernal, que dice: “Hermana, ríete a carcajadas/porque tú también me llevas dentro”:


Hermanas

Yo las saludo

diosas de húmedas temperaturas

putas sagradas en el reino primigenio

antes de abandonar los significados del sánscrito y el griego

lenguas sagradas

—ecos de significados que se pierden en el tiempo—

escúchenme

heréticas hermanas

en el mundo ya no es lugar para nosotras

—bautízame tú, confesora—

quiero formar parte del aquelarre

velar el secreto originario

seamos las que fuimos allá en el principio de los tiempos

hembras multiorgásmicas celebrándolo a carcajadas. (76)


    En este texto poético queda establecido el carácter mistérico de la brujería como la búsqueda de un espacio propio, a través del cual la poeta implícita se resitúa simbólicamente en un tiempo antiguo y en un mundo primigenio. Este espacio precapitalista es el garante de la protección y celebración de su sexualidad y de su cuerpo, que se hace posible mediante un ritual de festejo comunal y solidario de su feminidad, vertido, a su vez, en el dictum poético. Si se compara el poema anterior con el poema “Bruja”, que veremos a continuación, hay un marcado contraste de ambientación, de tono y de estructura, como una reverberación de la turbulenta historia que ha confrontado la mujer a través del tiempo. Veamos:


Dos mujeres en el mercado

intercambian una mirada.

Tres hombres voltean la cara.

Un clérigo sonríe aviesamente.

Yo toco unas hojas de manzanilla,

miro la sábila en los estantes.

Necesito algunas plantas

para mis artes curativas.

Estudié, porque mis padres

Eran personas de mente abierta.

Ellos me regalaron un telescopio

y en la noche escruto las estrellas.

Desde entonces amo la luna,

ese ojo omnisapiente en el cielo.

La mente humana es un cofre

que está lleno de astros,

aunque a veces yo pienso

que es tan solo una alcancía,

un espacio demasiado limitado

para albergar los buenos sentimientos,

pero se supone que no debo

pensar mucho

eso me advirtieron mis padres

un movimiento me alerta

algo no está bien en el mercado.

Pasó todo muy rápido

y ahora me encuentro

dentro de estas prisiones

a causa de una gesta inofensiva,

las que hacen mis manos

en cada cuerpo que tocan. (81)


    Se puede apreciar que este poema se diferencia del poema anterior en cuanto aquél establecía un espacio de libertades pretérito, apartado del mundo y que constituía el territorio de lo femenino. De la arenga jubilosa y celebratoria de “Diosas del sexo desmesurado”, pasamos en “Bruja” a un poema narrativo de versos más cortos, en el que se distingue la elipsis o supresión temporal desde el inicio y da cuenta de la caza de brujas que expone Federici en su estudio. En el poema habla una curandera, quien nos ubica en un plano foucaultiano, amenazante, vigilado, regimentado; un verdadero panóptico, donde confluye el mercado, la institución religiosa y la supresión del conocimiento alternativo—representado por el uso de las hierbas. De la risa transgresora del poema “Diosas del sexo desmesuramos” se pasa al juego de las miradas y la risa maligna del clérigo. El desenlace de la diégesis de este poema es el castigo, el disciplinamiento del cuerpo femenino que apunta Federici en Calibán y la bruja.

     La restitución del cuerpo rebelde de la bruja exige destrucción. Se trata de un ciclo de nacimiento y muerte continua, donde impera ese “rigor cósmico” que esgrimía Antonin Artaud. Propone el poeta y dramaturgo francés en su obra cenital El teatro y su doble que “el teatro [y, yo añado, todo arte, por extensión] es un mal, pues es el equilibrio supremo que no se alcanza sin la destrucción” (36). Es por ello que Artaud identificaba la “crueldad” con la “creación incesante” (Juanes 199). Es “cruel, puesto que la renovación de la vida exige la muerte, la creación-destrucción cósmica” (Juanes 199). Esa búsqueda por alcanzar el rigor cósmico está presente en varias instancias de El grimorio de una bruja mala. Uno de los ejemplos puede verse en el poema intitulado “Cenit”:


La satisfacción me brota

por cada una de mis salientes

en mi camino a la cúspide,

tus aguas se corren por mi cima,

ellas me vuelven inmortal

hasta tornarme lázara y fénix…

hasta morirme y resucitar

—una cadencia de emociones

que llevan de la muerte a la vida

sin poder respirar apenas—

me pones, me transportas, me resucitas…

nazco para morir otra vez. (39)


     Asimismo, en el poema “Lázara”, se reescribe el relato de los evangelios para revelar una kenosis, es decir, una autorenuncia, que como bien explica Harold Bloom es “un mecanismo de ruptura semejante a los mecanismos de defensa que nuestra psique emplea contra las compulsiones de repetición” (23). Es por esta razón que Lázara, contraria al Lázaro bíblico, termina diciendo con un sesgo deconstruccionista: “morí y resucité/soy la misma de ayer, /pero no la de siempre”.

     Enfrentada al mundo físico (physis) la mujer/bruja impone su verbo transgresor, cuyo rigor cósmico persigue la desintegración de los dogmas. que alimentan las visiones arbitrarias y las falsas creencias con respecto al sujeto femenino. De esta manera, la poeta implícita declara al final del poema “Hereje”: “Hermana mía, /seremos las huellas y las grietas /de esta ciudad en ruinas, ambas escritas con la misma tinta” (78).

     En una época en que los neo-integrismos religiosos, amparados en el orden neoliberal, amenazan con una nueva cacería de brujas, como indicó Silvia Federici en una entrevista con el activista transfeminista costarricense Edván Córdova, El grimorio de una bruja mala se convierte en lectura imprescindible. En este poemario, la palabra queda transfigurada por su particular visión estética y devenir de la consciencia, para catapultar a los/as lectores/as a una honda reflexión sobre nuestro violento presente.

     La experiencia femenina, cifrada en la figura de la bruja, de esa otra por siempre inasible y rebelde, lanza su penetrante mirada sobre el mundo de nuestra experiencia humana y nos sirve tanto de urgente admonición como de punto de partida para la acción.


Bibliografía


-Artaud. Antonin. El teatro y su doble. Trad. Enrique Alonso y Francisco Abelenda. 8va

reimp. Barcelona: Edhasa, 2001.

-Bloom, Harold. La angustia de las influencias. Trad. Francisco Rivera. 2da ed. Caracas:

Monte Avila, 1991.

-Calleja, Jesós. Breve Historia de la brujería. Madrid: Nowtiuls, 2006.

-Córdova, Edván. .“Silvia Federici: Cuerpo, mujeres y la nueva caza de brujas” Entrevista

en “Palabra de mujer”. Noviembre 24 de 2017., Universidad de Costa Rica.

https://www.youtube.com/watch?v=uDXWXYF04-4

-Federici, Silvia. Calibán y la bruja: mujeres, cuerpos y acumulación originaria. Trad.

Verónica Hendel y Leopoldo Sebastián Touza. Madrid: Traficantes de Sueños, 2010.

-Juanes, Jorge. “Artaud y el teatro de la crueldad”. Assaig de teatre: Revista de

l'associació d'investigació i experimentació teatral. Nº. 48-49, 2005, págs. 189-206.

-Pérez, Lynette Mabel. El grimorio de una bruja mala. Puerto Rico: Poema, 2022.

 Alberto Martínez-Márquez


Bayamón, Puerto Rico, 1966. Ha publicados numerosos ensayos críticos en revistas arbitradas. Entre sus libros, se encuentran: El límite volcado; Antología de la Generación de Poetas de los Ochenta [en colaboración con Mario R. Cancel, 2000]; Las formas del vértigo [poesía, 2001; Premio PEN Club de Puerto Rico]; Frutos subterráneos [poesía, 2007]; Contramundos [cuentos, 2010]; Contigo he aprendido a conocer la noche [poesía, 2011], Muerte en familia [2013]; Avatares de la palabra [ensayos, 2016], La lógica de los ardides [Premio de Poesía del PEN Club de Puerto Rico, 2016], Historias amarradas {en colaboración con Emma J. Rodríguez] y Supongamos que soy Enderman [cuentos, 2022]. Asimismo, ha publicado el volumen de obras breves y performances Teatro Desechable [Teatro, 2020]. Es fundador y editor de la revista Letras Salvajes (2003-presente).Actualmente es el director del Departamento de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico en Aguadilla, donde labora como docente dese 1997.

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