Apocalipsis


    Ahora entiendo por qué te fuiste, Padre. Yo también lo hubiera hecho. Mira, que quedarte a ver cómo pasamos hambres. Dice Angelina, mientras toma el astil. La madera nunca le había parecido tan suave. Yo sé que no pintaba una vida tan atractiva como la de cualquiera. Allá, lejos, donde sea que fuese, una se refugia en su ignorancia. Por qué si no lo vemos, no existe, ¿cierto? Y es más feliz es el desentendido, que el que sabe y no puede hacer nada por cambiar las cosas. Resopla. Siempre fuiste un hombre de verdad, de razones. Yo siempre te eché de menos, no sabes cuánto. Quizá, si te hubieras quedado, habría aprendido de ti un montón de cosas. Aunque ninguna como esta. Angelina extiende su brazo y da el primero.  Lo hace sin titubeos. Ahora no soy tan torpe ¿verdad? Ahora no puedo decirle a ella, ni a nadie, que esto no está siendo justo. Que es su culpa o que el hecho de que te fueras, era lo más sensato que pudiste haber hecho. Siempre defendiéndote. Fui muy tonta. Es que, Padre ¿por qué lo hiciste? Solo era cosa de paciencia, no más eso, paciencia, hombre, no necesitábamos más ¿por qué no nos enseñaste eso? Era tú responsabilidad ¡Carajo! No. Ni me veas así. Esto es lo que es y ya. Ni bueno, ni malo, ahora qué ¿mejor? eso sí no puede ser. Angelina sonríe. ¿Qué no entiendes? ¿Quieres que te lo explique más detalladamente? ¿Ahora quién es el que necesita respuestas? Dime, anda, dime. Angelina aprieta la mandíbula. El segundo, el tercero, el cuarto ¡Qué no, carajo, qué no! ¡Cállate ya! Angelina llora. Se limpia con la manga los mocos. Por una vez en tu vida, entiende que no siempre tienes la razón. El quinto, el sexto. Angelina pierde la cuenta. Le escurre el sudor por un lado y se le mezcla con lágrimas. Empuña más duro ¡Que te calles, Jesús! ¡Cállate! Estoy siendo buena ¡Cállate!  ¡Cállate! Angelina siente resbalosas las manos. El séptimo. Le entierra las uñas a la madera. A su Padre le da ocho, nueve, hasta diez en la cara con él. Le da cinco en el hombro. Le da tres en el pecho. Angelina solloza. Escucha su corazón latir. Cae de rodillas frente a su padre. Pega la frente al suelo. ¿Por qué, Padre? Repite ¿Por qué nos has abandonado? Angelina ha sido bañada de tinto por su Padre.

Samantha Torres


México. Samantha Carolina Torres Hernández es una cándida pseudo-escritora que se dedica a la narrativa esporádica. Actualmente es añeja estudiante de la Lic. en Letras Hispánicas del Centro Universitario del Sur. Acreedora de una mención honorífica por el tercer lugar en el quinto concurso literario CUSur en la modalidad cuento, ganadora del octavo concurso literario CUSur en la modalidad de cuento, obtuvo el tercer lugar en el concurso Panteón Literario en la categoría de poesía. Tiene textos publicados en revistas como Revista Monolito, Hipérbole frontera, Irradiación, Pérgola de humo, Amarantine Revista, entre otras. Es amante del rap hispanoparlante y odia dormir con calcetines puestos. Facebook: @Samantha Hernández         Instagram: @Shamysamo

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