Contemplación
Siempre estabas mirando por la
ventana
el edificio naranja que en las
mañanas se desarma
en distintos tonos naranjas
cuando el sol golpea.
Siempre, de afuera se acercaba
remando un ruido
que burlaba las espirales del
incienso
(a veces jazmín, a veces mirra,
a veces rosa)
que invadía tu cuerpo de nave
que se parqueaba siguiendo
otros itinerarios
con otras familias
en una quinta luna
celeste luna (en otros
dialectos: CHANDRA)
mientras con mis pies chuecos
intentaba colarme en tu viaje.
Siempre estabas mirando por esa
ventana,
precisamente aquella ventana
con toda la cabeza envuelta en
chales
para amarrarte de alas al nido.
“Es para no dejar que se salga
el cosmos”, me decías
encaramada en la persecución de
una excusa para matarte(me)
para pensar, indagar, creer y
aferrarte
a un mantra que está detrás del
vapor de una nube
en el altar de Dios con cabeza
de elefante
lejos, donde las estrellas se
vuelven azules
se enfrían
titilan y mueren.
Cualquiera que nos hubiera
visto
desde afuera habría creído que
éramos felices
Anochece y sigues pegada a la
misma ventana
y a veces está cerrada
y a veces su reflejo te aclara
y me deja verte más adentro
y te miro por encima
y te ves más distante que otro
planeta
y te miras en el espejo
y la cara te cambia
como si te hubieran apretado lo
que te quedaba de alma
en otro pedacito de espacio en
el que te deformas
y se te caen las manos
y la boca
en la contemplación de tu ser
de agua
que busca fundirse con dioses
vestidos de seda
(a veces índigo, a veces
celestes, a veces azules)
de múltiples manos
y uñas pintadas
(a veces rosas, a veces rojas,
a veces dedos en llamas)
que entonan flautas y danzan al
ritmo de tambores
y entonces mi corazón se apaga
porque no contemplas tu sangre
derramada en el piso,
y mis manos te buscan y solo
siento
el sonido primordial que eres y
somos:
la nada y el blanco.
He querido saltar por esa
ventana
todas tus ausencias
todas las veces.
〰
Flashback
3
(Las
voces)
Vacío
está. Vacío me respira en la nuca mamá, vacío me habla. Dime que eres tú, que
hablo contigo y eres tú quien mece la puerta, dime que eres tú quien enciende
las velas alrededor de mi cama. Que me llevas hacia el final de las olas, donde
termina la siembra y las estatuas aún miran al sol. Que las voces son solo
lluvia, que las sombras es solo el amor de la noche rehaciendo la noche. Que
eres tú, mamá, con un plan para recuperar nuestros corazones, y que esto que
escucho no es un niño llorando en un charco de orine, un niño y su imperio de
fantasmas poblando mi cama y mi hambre, que el miedo no son las fauces
brillando, barullos como tempestades, ni una mandrágora trepándome, esperándome
sobre las sábanas.
Vacío está, me
respira en la nuca, mamá, vacío arde porque aquí siempre seremos tres, aquí
siempre habrá alguien inconforme. Vacío está como un sicario dentro de un
cuarto sin luz, vacío respira. Vacío está, vacío me respira en la nuca mamá y
todos sus lobos vienen a detenerme.
Flashback 6
Hospitales 1
Todos los que están por morir saben tu nombre.
Caminar dentro de un hospital debe ser lo más parecido a caminar al cielo. Niña
de zapatos azules, no avances que no te gustará lo que hay dentro, no escuches
esas voces que te llaman, que te ofrecen dulces, no jugarán contigo.
Todos los que están por morir saben tu nombre. Niña
de zapatos azules, no brinques, no grites, no llames la atención que todos aquí
quieren de ti un pedazo de vida, un riñón, un diente sano. No respires que la
muerte se prenderá en tu nariz para convertirte en polvo y eso que llamas
sombra, que es tu yo malo o tu yo noche, se meterá en tus huesos y te hará
llorar.
Todos los que están por morir saben tu nombre.
Poseen la cualidad de la piedra. De ahí mismo tu palidez, tu semejanza a la
muerte, tu amparo a lo que se dice en voz baja, a jugar en la mitad más amarga
del silencio. Quizás más tarde puedas ir a ver cómo sobre el agua van cayendo
los cuerpos y, entonces, sabrás que desde ya estás moldeando un muerto.
Viaje al centro
Debajo
de, arriba sin, por encima con, girando hacia, desde el centro hasta, el vacío
se arremolina hasta parar la noche. Escondidos contra, esnifando siempre, se
piensa que en la roca pueden deshacerse las carnes, disparos de color al alba
que se escapa de tus ojos de serpiente, magia blanca, diosa blanca, caras
grises, ventanas que disfrazan las fachadas de jornadas sin tiempo y sin
permiso.
Caminemos,
no nos miremos los tajos, podrido en, dañado por, culpable de, tengo un remache
en la frente en forma de cruz que es una vértebra y luego mi columna torcida y
agachada. Dejar correr las piernas, descansar el fuste. Hay un lugar que no
tiene sur, ni tampoco norte pero se alarga como la espera del enfermo que
dibuja líneas, que decapita flores, que bravea con el reflejo de la vitrina
pero es dueño de todos los portales.
Pare
aquí, reencarné lejos, cuerpos de alambre como disfuncionales edificios por los
que me pierdo. Entre aquí, suba para… cuerpos de agua como el río chantado de
un viejo baño de azulejos y moho, busque la calle, salga a las esquinas que nos
enseñaron a amar y armar la noche cuando de la ropa se desprenden los colores y
todos somos pardos y todos escondemos lo mismo.
Retornando al centro, desvistiendo al
centro y su decencia.
Flashback
8
Hospitales
2 | Habitación 6
Tengo el corazón tan débil como el
caballo mecánico blanco que también es mi noche y sus decibeles. La garganta
transparente de tanto gritar para que no me olviden, porque aquí estoy, aunque
mi peso diga lo contrario, porque supe hacer frente al fuego y lavé mis
rodillas con cuidado luego de forrar con cemento nuestro patio, y apreté sus
manitas cuando la luna cayó y no hubo diciembre ni regalos. Aquí estoy, y no
puedo morir, no sé cómo y no se puede estar tan muerta si se siente sed, si te
extiendes como el mar y las ganas de saltar cuando el abismo les agua la
memoria, a ustedes, mis niños, mis escuálidos niños, que no recuerdan que aquí
estoy, aquí sigo donde me dejaron atada a la lentitud del dolor, como un iceberg
que avanza al fondo, al olvido y su imaginario fin.
Los quiere,
mamá
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Beds
and Breakfast
LUGAR:
CENTRO DE GUAYAQUIL
TIEMPO
DE ESTADÍA: 25 AÑOS
Nací en un edificio que es un coro
salvaje de ratones.
Si el tercer piso de una construcción se
vuelve una cuna
cuando el camión de la basura cruza;
si al abrir una puerta,
tenemos que abrirnos paso como un
desierto, porque el agua entra,
habrá motivos suficientes para querer
huir.
El ascensor está clausurado.
Mi cabeza es un cohete y no entiende
el proceso de bajar una escalera.
Mi cabeza es el ruido del motor de un
carro
que por la noche me vuelve incapaz
de oprimir un botón que funcione.
Nací en un edificio que con los años me
ha vuelto alérgica al polen,
me ha alejado de los parques,
me ha dejado al cuidado de aves de
cemento.
Un edificio, como una historia sensible
al tacto.
Entonces, en ese recuerdo, vuelve a mí
esa niña:
un armadillo atado a la tecla rota de un
piano.
Mi hermana mojada, escondida en la
cisterna,
mi madre que viste de mostaza una
gallina
que para la cena habrá muerto en los
ojos de un galgo.
Regresa a mí, la bailarina de cristal,
la que una vez rompí, la que no puede
correr
la que deja un punto en blanco sobre una
mesa
que es el mar de polvo que hace,
de un vaso, una isla,
en la que sigo fijada por miles de
alfileres.
LUGAR:
CALLE RUMICHACA, GUAYAQUIL
TIEMPO
DE ESTADÍA: 5 MESES
El centro de esta casa somos nosotros
haciendo acrobacias encima de la mesa,
como los pájaros que saltan de un cable
a otro
provocando distintas lluvias en esas
tardes en las que el sol no sale.
¿Cuánto me va a costar la estadía?, me
dije.
Cinco mordidas de mastín napolitano,
dijo la perra.
Entonces:
hombro,
cadera,
dos veces el brazo izquierdo,
cabeza. (Al pie de la cama)
Nunca tanto de mi piel había caído para
hacer de una baldosa un mapa.
Vivo con un hombre que intenta
arreglarlo todo con plastilina.
Trabaja con yeso, construye una mano
para leernos el futuro.
Trabaja mis heridas con arcilla,
me dice que no salga,
que llueve,
que podría quedar disuelta y presagiar
la ruina de la casa.
Nunca tanto de mi piel se había secado
tanto como para que otros me miren y digan “ahí ha estado el desierto”.
Cada tres días llegaban los amigos con
los pulmones repletos de canciones.
Y de las bocas salían caramelos,
y de los pies, más pies para seguir
bailando.
Yo, como los pájaros, tomaba las plumas
y los pelos
que caían en la mitad de la sala para
envolvermecomo un nido
y ser, más bien, pálida,
traslúcida,
para que la perra pudiera fijarse en
otropara calmar el hambre.
Un día la perra amaneció muerta.
Alguien por descuido dejó chocolate
sobre la mesa cuandose cansó de bailar.
LUGAR:
LOS ÁLAMOS. GUAYAQUIL
TIEMPO
DE ESTADÍA: 3 SEMANAS
En una casa ajena, una pared blanca
es un cuchillo.
Cada interruptor es un niño con un arco,
dispuesto a disparar cuando una luz se
encienda.
Un casa ajena es mejor a oscuras.
No tener idea de lo que esconden los
cajones,
no verse, ni ver a otros en los espejos
puede ser asunto de vida o seguro de
muerte.
Mejor el lugar si no ha barrido nadie.
Mejor la rendija si hay comida creciendo
en la comida.
Lejos de las ventanas, pero cerca de la
salida.
Ser extraña es encerrar dentro de uno la
violencia.
Sin migajas. Sin bilis. Sin astillas.
En una casa ajena hay que llevarse bien
con los gatos,
Ellos, como nadie, saben todo sobre
permanecerescondidos.
LUGAR:
LA FLORESTA, QUITO
TIEMPO
DE ESTADÍA: 3 SEMANAS
Hablar es a veces una enfermedad.
Si una casa está en medio de la niebla,
¿cuál es el límite para no sentirse ahogado?
Todos estos simulacros de muñeco
tarareandoun poema encima de una cuerda floja.
Todos estos ademanes de parecer un
sofáen una sala en la que llueven dientes.
Todas estas palabras sobre tu calle fría
como tenedores violentando mi boca que
migra
para congelarse antes de llegar a tu
puertay volverse un sueño de porcelana
en el que eres una copa
y te rompes.
Recogerse, envolverse uno mismo comoun
recién nacido.
Nacer de nuevo, en una ciudad nueva.
Queda chica la Floresta si dentro de un
cubode hielo de colores
se disuelven nuestras últimas
conversaciones.
Hablar entre nosotros, entonces, es una
enfermedad.
— ¿Podemos tener un perro?
— Sí, pero solo si duerme afuera y nunca
hace ruido.
Entonces para ensayar pusiste una cadena
en mi cuello
y me sacaste a orinar.
LUGAR:
CIUDADELA DEL MAESTRO,
GUAYAQUIL
TIEMPO
DE ESTADÍA: 5 AÑOS
Te veo cruzar la calle y la suela de tus
zapatoste vuelve cada vez más pequeño.
Sin embargo alcanzas los nidos,
y matas ranas clavándolas a un palo
mientrasel agua hierve sola en la cocina.
Sin embargo, coleccioné los retretes
descartadospara hacernos una sala
en la que nunca se espere que llueva.
Entonces nos saqué una foto.
No recuerdo haber cruzado la calle que
hoy llevatu nombre,
pero tengo en la cabeza una piedra,
una puerta, una niña gritándole a un bus
que pare.
Tengo una acera mojada
y un paso cebra sin espacios en blanco:
se ha disuelto lo que escribo porque a
vecesno he podido con la lluvia.
No puedo recordar por qué el jardín se
inundó,
no puedo canjear las botellas en la
tienda ni paseara los perros
porque siempre estoy dormida en nuestra
foto.
Una vez envolví los cuerpos muertos de
los platosque asustaste con una toalla.
Caminé a la ciudad y, en el tramo,
reconstruí una taza.
LUGAR:
URDENOR. GUAYAQUIL
TIEMPO
DE ESTADÍA: 2 MESES
Soy la foto encerrada en una jaula que
nunca deja
de moverse.
En ella río mientras sostengo un vaso
y afuera se quema un monigote con
nuestro último año.
Eso fue en diciembre, tenías la jaula
decorada
con luces tan fuertes
que se comían los ojos de nuestros
perros,
mientras yo me veía, de rojo, de azul,
de verde
y tú eras un torso de neón que bailaba
una balada tecno.
Mientras las luces duran: hablamos.
Se nos ve gesticular por una ventana
diminuta
en la que se nota la inutilidad del
momento.
Teníamos una ventana, un balcón y un
hueco
en la puerta.
Eso teníamos y yo quería tanto dejarte
un vaso
de agua quieta cerca de la cama.
Yo quería tanto regalarte el vaso,
atravesar la foto, la jaula y bailar
contigo.
Pero las historias sobre
(ríos encerrados en cisternas)
nunca llegan a ninguna parte y
el agua nunca se pierde:
corre dentro de un ataúd de cristal que
lleva mi foto
que se borra hasta dormirse,
hasta amanecer, como una leve
inundación, en otra casa.
Gabriela Vargas Aguirre
(Guayaquil, 1984). Poeta y diseñadora gráfica. Por su primer poemario —La ruta de la ceniza (Editorial La caída, 2017)— fue beneficiaria de los Fondos Concursables del Ministerio de Cultura y Patrimonio en la convocatoria 2016–2017. Resultó ganadora del II PremioInternacional de Poesía Vicente Huidobro, en el 2020, con su segundo libro Lugares que no existen en las guías turísticas, publicado en Valparaíso Ediciones (Granada, 2021). Consta en varias antologías de poesía ecuatoriana y latinoamericana como Bandada. Novísima poesía ecuatoriana (2014), Liberoamericanas. 140 poetas contemporáneas (2018) o País Imaginario. Escrituras y transtextos. Poesía. (2018). Ha sido invitada a varios festivales nacionales e internacionales como el Festival de poesía de Bogotá y el Festival de poesía de Lima.
Fotografía de portada: Esteban Granado