MARGOT BENACERRAF

Por Marcelo Seguel Bon

 

    Margot Benacerraf partió de este mundo, en Caracas, el pasado miércoles, 29 de mayo del 2024 a la edad de 97 años y no quiero dejar pasar la oportunidad de mencionar la importancia que tuvo el cine de Margot Benacerraf y su vida, tanto para Venezuela como para Latinoamérica y el mundo. Vino al mundo el año 1926 en plena época gomecista, tiempo en que el sistema económico venezolano comienza a experimentar cambios significativos y progresivos; el café comienza a perder terreno como el principal producto de exportación, al tiempo que el petróleo inicia su ascenso para convertirse en el sostenedor principal de la economía. Para 1926, también, fue el año de nacimiento de la radiodifusión en Venezuela; el 19 de mayo de 1926, se realizó la primera transmisión radiofónica en el país, la estación "Ondas Populares Caraqueñas" fue la pionera en transmitir música y noticias a través de ondas hertzianas.

    Quizás, animada por toda esa época de cambio, Margot Benacerraf fue pionera en muchos sentidos. A pesar de la época que le tocó vivir, de ser mujer a comienzos del Siglo XX, se reveló contra el estereotipo de la mujer de la alta sociedad venezolana que debía casarse con un empresario y tener hijos. De hecho, nunca se casó y nunca tuvo hijos.Apostó por tener una formación profesional, estudió filosofía y letras en la Universidad Central de Venezuela, graduándose el año de 1947. Posteriormente, ganó una beca de tres meses para estudiar en el Departamento de Drama de la Universidad de Columbia en Nueva York, en donde tuvo su primer contacto con el set de filmación. Su documental “Araya” le permitió ganar el Festival de Cannes de 1959 y, de paso, puso al cine iberoamericano, realizado por mujeres, en su justo lugar, uno que hasta entonces no tenía, el reconocimiento por su altísima calidad. Su formación profesional tuvo su punto culmine cuando llega a París en 1950, para estudiar dirección cinematográfica en el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos de París (IDHEC).

    Armando Reverón es un pintor que vive retirado junto a su compañera, Juanita, en la costa venezolana. A orillas del mar ha construido con sus propias manos una edificación de piedras y palmas llamada El Castillete, que funciona como casa y taller y, que es un mundo mágico donde convive en armonía con la naturaleza. Reverón tiene mucho tiempo sin pintar pero, finalmente retoma el trazo y elabora el que será su último autorretrato. La película es un acercamiento poético a la vida y obra de un artista a lo largo de las 24 horas de un día y que también nos conduce a los misterios de la creatividad; esa chispa distinta, ese pensamiento hecho silencio único y brillante, ese talento marginal que va más allá de lo innato, Reverón, ese toque maravilloso que logra transformar una pieza común en una obra de arte. Con este documental de media hora ganó varios galardones tanto en Venezuela como a nivel internacional, además cosechó grandes éxitos en Europa. Tuvo una extraordinaria acogida en el Festival de Berlín (junio de l953) y en el Festival de Edimburgo (agosto de l953).

    Faltaba llegar aún más alto y lo logró con “Araya”; un documental-ficción, muy sensual, con una luz implacable, brutal pero, muy nostálgica, una fotografía muy delicada de la mano de Giuseppe Nisoli, guión de la misma Margot Benacerraf y la narración en castellano por José Ignacio Cabrujas y en francés por Laurent Terzieff. La película es de una honda impronta poética que nos ofrece un hermoso recorrido de imágenes desde una concepción casi gloriosa, en la que una naturaleza hostil de mar, playas extensas y sal, se sincretiza con los restos del castillo mencionado y se trasfigura por el duro trabajo de las y los pobladores de la zona en labores de extracción salina y pesca y en la intimidad cansada de sus hogares.La película se llevó merecidamente el Premio Cannes el año de 1959.

    Lamentablemente, su partida ha agitado su figura y nos ha hecho recordar lo importante de la figura y la obra de Margot Benacerraf. Muchas personas hoy, en la misma Venezuela, desconocen por completo la vida de esta importante cineasta; además, el exceso de consumos foráneos muchas veces nos impide valorar lo mejor del cine de nuestras latitudes, cine que en películas como “Araya” logra un acercamiento sincero e inteligente a nuestra idiosincrasia y a nuestras trágicas realidades sociales y culturales.