Si tan solo tuviéramos carne


Veré mi deseo sobre mis enemigos. Por lo tanto miraré triunfante sobre los que me aborrecen. Ya veré por los suelos a los que me odian. Estoy seguro de ver la derrota de aquellos que me desprecian. He de ver derrotados a los que me odian. Yo veré mi deseo en los que me aborrecen. ¡Así que venceré a mis enemigos!

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Por eso me satisface soportar por Cristo flaquezas, ultrajes, dificultades, persecuciones y angustias, ya que, cuando me siento débil, es cuando más fuerte soy. Por lo cual me contento en las flaquezas, las afrentas, en las necesidades, persecuciones, angustias por el Cristo; porque cuando soy flaco, entonces soy poderoso. Por eso me complazco en las debilidades, afrentas, necesidades, persecuciones y angustias por la causa de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en las privaciones, en las persecuciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte. Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte. Por eso, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en las afrentas, en las necesidades, en las persecuciones y angustias; porque mi debilidad es mi fuerza. Desde que sé que lo que sufro lo sufro por Cristo, me siento feliz por mis debilidades, los insultos, las privaciones, persecuciones y dificultades. En efecto, cuando soy débil, entonces soy fuerte. Me alegro de ser débil, de ser insultado y perseguido, y de tener necesidades y dificultades por ser fiel a Cristo. Pues lo que me hace fuerte es reconocer que soy débil.

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Cuando nos encontremos quiero alentarlos en la fe pero también me gustaría recibir aliento de la fe de ustedes. Esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí. Es decir, para que cuando esté entre ustedes nos confortemos mutuamente, cada uno por la fe del otro, tanto la vuestra como la mía. o, para decirlo de otra forma, por estar yo con ustedes, podamos, por la fe que compartimos, alentarnos el uno al otro. Mejor dicho, para que unos a otros nos animemos con la fe que compartimos. Mejor dicho, espero poder estar con ustedes para que juntos podamos apoyarnos con la fe que tenemos. Su fe me ayudará a mí y mi fe los ayudará a ustedes. Y podremos ayudarnos unos a otros gracias a la fuerza de esa confianza que tenemos en Dios.

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En ese momento, el gallo cantó por segunda vez, y Pedro se acordó de lo que Jesús le había dicho: «Antes de que el gallo cante dos veces, tú habrás dicho tres veces que no me conoces.» Y Pedro se puso a llorar con mucha tristeza. Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba. En aquel mismo momento cantó el gallo por segunda vez, y Pedro se acordó de que Jesús le había dicho: 'Antes que cante el gallo por segunda vez, me negarás tres veces. ' y se echó a llorar. Al instante un gallo cantó por segunda vez. Entonces Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y se echó a llorar. Inmediatamente, el gallo cantó por segunda vez. De repente, las palabras de Jesús pasaron rápidamente por la mente de Pedro: «Antes de que cante el gallo dos veces, negarás tres veces que me conoces»; y se echó a llorar. Inmediatamente el gallo cantó por segunda vez. Entonces Kefa recordó lo que Yahshúa le había dicho: 'Antes de que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres veces.' Y echándose a sí mismo al suelo, lloró.

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Yo sé que te fuiste porque quieres regresar a la casa de tu papá. Pero, ¿por qué te robaste los dioses de mi familia? Si tanto querías regresar a la casa de tu padre, y por eso te fuiste, ¿por qué me robaste mis dioses? De acuerdo que te tenías que ir, porque extrañabas tan profundamente la casa de tu padre; pero ¿por qué robaste mis dioses? Entiendo que hayas querido irte porque añoras la casa de tu padre, pero, ¿por qué me robaste mis dioses? Si tanto te urgía volver a la casa de tu padre, no tenías por qué robarte mis dioses. Puedo entender que sientas que debes irte y anhelas intensamente la casa de tu padre, pero ¿por qué robaste mis dioses? Y ahora, ciertamente te has marchado porque añorabas mucho la casa de tu padre; pero ¿por qué robaste mis dioses? Y ya que te ibas, porque tenías deseo de la casa de tu padre, ¿por qué me hurtaste mis dioses?

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Entre los israelitas había gente de toda condición que se había mezclado con ellos y sólo pensaba en comer. Los israelitas se dejaron llevar por ellos y se pusieron a llorar y a decir: «¡Quién nos diera carne para comer! Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne! Y el populacho que estaba entre ellos tenía un deseo insaciable; y también los hijos de Israel volvieron a llorar, y dijeron: ¿Quién nos dará carne para comer? Entonces la gentuza extranjera que viajaba con los israelitas comenzó a tener fuertes antojos por las cosas buenas de Egipto. Y el pueblo de Israel también comenzó a quejarse: «¡Oh, si tuviéramos un poco de carne! —exclamaban—. Se había mezclado gente de toda clase, que solo pensaba en comer. Y los israelitas, dejándose llevar por ellos, se pusieron a llorar y a decir: '¡Ojalá tuviéramos carne para comer!Al populacho que iba con ellos le vino un apetito voraz. Y también los israelitas volvieron a llorar, y dijeron: '¡Quién nos diera carne! Después, la multitud mixta que estaba con ellos se volvió lujuriosa por una vida más fácil, mientras los hijos de Yisra'el, por su parte, también renovaron su gemido, y dijeron: ¡Si sólo tuviéramos carne para comer!

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 [Estos poemas son parte de un libro en el que estoy trabajando las diversas traducciones al español de la Biblia. El orden de lo invitado, lo que se dice de otra forma, lo que se silencia pero queda como costura visible, el hilo roto expuesto alrededor del agujero: el cuerpo y su manto.]

María Eugenia López


(La Plata, 1977). Publicó Bonkei (La Plata, 2004; Sâo Paulo, 2014), Sybille Schmitz (plaquette, Santiago de Chile, 2007; Madrid, 2020), Arena (México, 2009; La Plata, 2018), Jirones de París (Barcelona, 2014), Carlinga (La Plata, 2016), Para una historia de los alimentos (Buenos Aires, 2018).

Fotografía de portada: Felicia Liendo