Nos dijeron liberados
Pero nos siguen castigando como a esclavos.
Te esperaré mil días más.
Quizá nazcas cuando me haya ido;
las ventanas abiertas verás, y yo, como un
apóstol,
te dejaré una escalera frente a las llamas;
contra los zombis del pueblo.
Nunca llores, tu risa será mi rebeldía.
Tus manos sin cadenas, revolución viva.
Tus gritos por antaño, mi extremaunción.
El cielo es la morada de la poesía que,
silenciada,
respira mundo al corregirse.
Guarda mi casa en la caja débil. Yo te oiré
desde ti.
Vas a llegar, perdida, con plumas dispersas;
tormenta.
Te veré asomarte como abeja por la miel
en el centro de la selva. Evocarás al paraíso
un latido,
mi desorden callado apaciguará tu respirar.
Abraza mis paredes, besa mi puerta, estaré
cálido en mis hojas;
aumenta la luz, apaga la taza de café:
tus ojos vestidos de lacrimógenas en mi alma
se concentran.
Hace frío, por piedad, ciérrame las ventanas.
Fuerza el seguro: esa puerta estuvo abierta
toda la vida.
Anunciando tu liberación.
〰
Carta a la niña virgen
Niña verano, previa primavera.
Llego entre destellos a la casa del árbol
cuadrado
que tiembla matemático en la avenida heroica
pero solitaria;
mas te escribo andando entre las sombras
diarias
porque del tiempo esclavo no me liberan nada
para escribir.
Y me leo mientras duermo la siesta externa,
porque tampoco hay tiempo para soñar.
Estoy estudiando como puedo algunos sueños,
pero la universidad es una fronda que se
desliza.
Ay, casa donde todo lo que hice me dijeron
que deshiciera.
Las ciencias con café aceleran los ciclos y
me los doblan.
Te cuento que el gato negro del vecino de
abajo llega a verte
a veces, y me pregunta por ti. Yo le digo que
volverás anteayer.
Entonces se sienta y me prepara un café
calentándolo con su cuerpo bañado de lunas
llenas.
Luego, salta por la ventana del edificio y no
muere
porque tiene en sus vidas tu esperanza.
Y mañana tengo examen, y a veces oigo mi
nombre en tu voz,
perfume anochecido por la presión alta, un
día antes.
Trabajo al fin: ya no soy un poeta solamente.
Sueldo mínimo, y me sobra una moneda cada
semana
para el ahorro proletario. Tintin de soledad.
Ya puedo regalarte un peluche de terciopelo
llamado amor.
Pero mi jefe dice que debo alimentarme mejor,
para que me vaya un día con los aviones que
llegan temprano.
Ah, pobre, no sabe nuestro secreto, me
alimento más que él
de los costales llenos de motivación en
nuestro barranco.
La verdad, te confieso, algún día me iré
con los aviones de la tarde, los cóndores que
bajan al barrio.
La ingeniería es una ciencia virgen que han
prostituido.
Como tú, que te fuiste con tu sonrisa rusa,
que te pintabas los ojos de negro a mi lado
solo por un beso.
Me duele cada noche desflorarme sobre las
ciencias.
Pero duermo con una virgen y me siento puro,
como un José liberado luego de su entierro.
En este edificio abandonado bailo, en las
afueras de Ancón.
Me graduaré un día, luego de un sismo, y que
me asciendan
espero, y que el avión me lleve sin anemias,
por las nubes,
estoy seguro que te veré. Y volveré a tierra
a cobrar en dólares,
para así poder llevarte a comer a la Casita
Blanca en Larco.
Esa tienda adonde me llevaste a cenar
cuando apenas había bajado yo de la sierra.
Apenas dos días antes de tu vuelo. Oh, el
último vuelo.
Vi cómo se fue todo el mundo de este edificio
por miedo,
porque aquí te moriste una noche, virgen como
bíblica
y como te quise, y nadie reclamó tu alma.
〰
Sufrimiento de amor
El
amor perfecto existe.
Es
una semilla brotando entre el asfalto.
Ella quiso que le pinte en una hoja el
sufrimiento.
El sufrir es una olla; dentro: aguas
glaciales, espasmos eternos
dibujados entre balas apuntándose para
bullir.
Profundo es el hervor e inexacto al escoger
sus aguas blandas;
demora en demoler el tiempo, poquísimo a
poco,
destroza chispas raudas de pasadas alegrías y
conciertos.
Veloz y paciente es al penetrar el alma,
ciego al salir.
Amor, me
sonrió a través de una carta,
dibújame el bosquejo de una hoja
sufriente.
Al no saber yo cómo responderle, puse en una
hoja mi dedo:
dorada arma apuntando al corazón.
Y procedí, de mis pupilas pasadas, procedí a
dibujarme yo.
No extravíes la primavera
Caricia pura, de entre hondas ramas verdes
fluyes,
en brillante luz concentrada al vuelo;
canción ondeada se oye dentro
y fuera el patriota ama como el hermano no
olvidado.
No extravíes la primavera, tráela en ti este
año;
en el suspiro un tálamo suelte al destino de
trabas:
el amor es la primera mirada que no dice
nada,
descansa, extraña, rutilando, para gritar a
viva voz.
Enredas al mundo: aguamiel en cada cuadro
calendario
convierte la sed postera en correspondencia
epistolar
y hace, en agonía o en introito, aerovía a la
diferencia.
Inicias en un verso soñado por la turbia voz
de un niño,
endulzas el alma de un avión pasajero con
pinta continental.
Normalmente duermo entre tus hojas aireadas,
normalmente sueño entre tus versos
circadianos,
normalmente me acuerdo de ti.
Y podría no haber abierto el paracaídas
si con tus alas abiertas me lo hubieras
pedido tú.
Adonde el amor te lleve
Yo la amaba con mis cadenas y libertades,
y este grito sexenial en verso es clave
para todo el canto que su vida logre, entera.
Y que empiece este poema siendo yo feliz
y que ella sea sirena de felicidad plena.
Fíjate en la hoja de esta línea de selvas:
el verdor de la calle se diseña con tus letras:
Sé feliz adonde el amor te lleve,
sé feliz para la estrella que te vea, para el ciego que
te sienta…
En vida, no importa la muerte.
La historia del final feliz empieza con mi verso:
Ella ha sido tanto gusto en esa hilera de carbón que el
niño pinta
en la casa, afuera, para saltar entre esferas de partes
cada infancia de la que no me acordaré mañana,
cuando me llamen para trabajar de aeronauta.
Ella se caía, le dolía la tarde imposible, a ella le
parecía un juego
de toda la vida. Y como sea, esa tarde estaba bella.
Una carita feliz imaginad aquí, que ella dibujaba en su
agonía,
y el sonido con bello olor que la felicidad impregna.
Pero ella se estaba yendo…
Al fin, cuando ya estaba muriendo,
volvía a darle un beso al mundo del hombre:
decirme que me había amado.
No es gracioso escribir de la muerte,
lo gracioso es vencer por fin en vida.
Hoy he besado a Dios, es magia su piel celeste
como su abrazo que he versado.
Al fin, cuando ya se estaba muriendo,
ella asomaba su carita por la luna del ataúd,
hacía así con la mano blanca de pecas y de pecados míos:
quería limpiar mis lágrimas, aunque sea con sus pupilas
frescas.
Hoy he besado a Dios desde un labelo mágico y blanco
que la amada de estrellas sobre mí puso.
Dios tenía que ser: yo toqué el techo del dorado templo
con estas manos de Argos.
Todos los poetas van al cielo… Al menos
con el sabor sentido extremo del labelo
de una orquídea amada que nos lanza su nardo.
Al fin, cuando ya se estaba muriendo,
ella quiso pensar en la lágrima de la tristeza. Y le
dije,
somos felices porque conocemos el pasado
pero dibujamos con sonrisas nuestro hoy.
Y mi sonrisa calmadamente la amaba. (Carita feliz).
Y ella se seguía yendo. (Carita feliz).
Jener Paul Roa Neira
Perú. (Culqui ─ Piura, 1996) es aeronáutico, bombero, escritor y poeta. Ex presidente del Conuvive - Perú, dirigió el Centro de Investigación Orthomolecular y desarrolla voluntariado como profesor de Teología y filosofía en el CET - Perú. Fue becado por la Fundación Faucett para estudios de Aeronáutica. Ha dictado conferencias en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos sobre su teoría de la poesía y de literatura. Ingresó en los principales círculos literarios de Lima, recitando junto a Marco Martos, Jorge Castillo Fan, Hector Ñaupari y demás importantes poetas del país. En el ámbito literario, conformó las antologías Poemas de abril (Gaviota azul, 2016) y Corazón de poeta (2017) de la Asociación de Poetas, y Pluma y trazo (Editorial América, 2020). Publicó su primer libro de poesía titulado Fuego de amor (Ed. Cielos, 2018). Y su segundo libro No extravíes la primavera (LP5 Editora, 2020, Chile). Acaba de publicar Poesía perfecta (Ed. América, 2022, Lima). Y próximamente saldrá a la luz su libro de incursión en la narrativa titulado El principito vive (Ed. América).

