El Ojo donde todo cabe...3, 2, 1, 0

*Al fondo de la transparencia"

Daniel Arella

Cooperativa Editorial Caminos de Altair

Mérida, Venezuela, 2009

 (92) pp

 

Norys Saavedra Sánchez

 

    Al fondo de la transparencia es uno de los primeros libros del escritor merideño Daniel Arella (Caracas, 1988) aunque de sus primeras obras, muestra una madurez profunda, que le permite abordar sus poemas con diferentes posibilidades y ángulos, como si de una pieza de ajedrez se tratase. Esa luz exterior que entrará en nosotros en reflexión poética e indagación de un lenguaje que rítmicamente va latiendo a medida que avanza, se convierte en objeto, en cosa, en ser. Más allá de las líneas de la imagen hay un mirarse para mirarnos. Lo simbólico hace lo suyo en el inconsciente, en su propio cosmos de la palabra. Más que al aspecto hermético, Daniel nos lleva a desentrañar ese juego del lenguaje, en cuatro partes... en cuenta regresiva, y es que los pasos siempre vuelven al origen de donde partimos, sea casa, muerte, copula, nacimiento. Aquel ojo, tercer ojo, ojo de Cíclope, Ojo del pirata, Ojos como Dioses creando. Dice Lourdes Rensoli Laliga en el ensayo sobre Lezama Lima Muerte de Narciso: doxa y ciencia como formas de la sabiduría (2010): «...Heráclito afirmaba que la verdad ama ocultarse. Y su esencia es la antítesis; el caduceo hermético simboliza los primeros niveles de lo oculto. Su despertar engendra movimiento. Lo dormido, despierta. Lo frío, se une a lo hirviente. El juego ajedrecístico, duerme. La dureza se ablanda...» (p. 212). Antes de la transparencia hubo algo borroso que mirábamos, antes de abrir los ojos, los párpados estaban cerrados, y eso me permito decirlo también por estas páginas, que como un damero para mover piezas, nos muestran esta propuesta poética. El poeta está en la creación de un lenguaje muy suyo, por lo cual nos conduce, a mirar lo que hay más allá de las líneas de la imagen en el horizonte, algo que nos llegue al fondo y que develemos su mundo secreto.

    Así Al fondo de la transparencia nos recibe con cuatro partes como golpes o espirales luminosos, quizá flashes, unas veces aturden el ojo, y otras nos llegan como aguas calmadas. Esas partes nos muestran una evolución casi en círculos; el círculo del ojo, pensamos, la esfera equidistante del centro o aquello del Alfa y el Omega, el principio y fin.  Son 4 partes: 3,2,1,0...casi escuchamos (vemos) decir: ¡Juguemos!

(3)

La secreta apertura del mundo

1

               « retornar sin tregua

al rigor de la línea

circunscribir la fuga con el mirar girante

es

reducir el abismo

a la

      exactitud

                     de la pupila» (p 17)

    Ese retorno que también nos recuerda que todo punto en el horizonte representa el final o la vuelta, por tanto el poeta nos recuerda lo genésico. Con brevedad y simpleza.

    Más adelante la imagen del silencio asoma como si fuese un repliegue de lo que contemplamos, más que inescrutable el poema es intenso y persistente, valga la redundancia. El poeta atraviesa su búsqueda y encuentra seguramente algo más de lo que alcanza...leemos:

 

7

«persisto aún

                                  tras esta puerta

entreabierta en el signo

por una migaja de lo fetal que hay dentro

persisto aún con mi frente

                                              en la concavidad

abierta

                sobre el blanco

en repujar mis ojos

bajo la piel

para ver

                 sólo lo que quema

lo que ha de ver

          el incesto

                  nacido

                       de mi comunión con la línea

en ser

             por fin                  la parábola de humo

en donde el silencio se define

indómito y precario» ( p 23)

(2)

El volcán invertido

    El símbolo del volcán bien nos adentra a lo telúrico, a lo que yace en el subconsciente. En la superficie, no alcanzamos a entender. Esto recoge el poeta en esos lugares de la palabra, lo que guarda en lo desconocido y ya afuera, en el mundo exterior, podemos leer; de aquel dolor, aquella cicatriz o un recuerdo vivo que nos acompaña.  El poeta dice:

1

«Atravesando transparencias continuas

                                  el humo retorna a la lumbre

(el volcán en mí se invierte)

          se abren las placas tectónicas del silencio

y el horizonte se me muestra en el perenne

                                         [dilatar de un círculo]» ( p 31)

 

    Llegar a la escritura de estos poemas también es sentir los efluvios en la suspensión de la atmósfera, como si pudiésemos no solo ver sino tocar algo que se diluye:

4

el humo es la espina dorsal del abismo

                                        el más antiguo vínculo

del alma con las cosas »(p 34)

    Esas suspensiones en el aire de partículas de cigarrillo, de incendios, de vapores varios en la atmósfera, como huellas de algún crimen perfecto...leemos en un poema del poeta español Leopoldo María Panero: La fábula de la cigarra y la hormiga XXI (1992). «...y el humo del tabaco reglamenta la vida/ como una danza perfecta para el mono/ bajo la lluvia sin raíces,/ tenebrosa y polvorienta,/ sobre esa mesa que los pies han desgastado.» (p. 442). En Daniel Arella estos elementos llegan a ser poemas a través de las imágenes que abrazan un estado de su Ser, más que posible pregunta, pasan a ser una respuesta, un instante hallado con el que se tiene que vivir agolpado, en el chakra del ombligo, donde se encuentran esas emociones más carnales. Leemos este poema:

 

5

«un torrente de colillas moluscas se encorvan

                                                            [bajo el tifón]

rueda el encéfalo por el dorso de la penumbra

                                   el vacío se pudre de mapas

la savia del árbol desciende como un derrumbe

por la espina dorsal

y aún mi recogimiento

                      la premura del humo labrando

en el ombligo

                                    una escalinata!» (p 35)

(1)

Mutismo anfibio

    En Mutismo anfibio observamos el giro que da el poeta desde una lúcida brevedad, a un despliegue de momentos marcados por la pasión, la búsqueda, las transfiguraciones varias, que tocan la prosa poética. Sin embargo en su inicio este poema limpio y breve nos lleva a esos estados de insomnio, bien conocidos por los poetas con cierta frecuencia.  Leamos:

1

«por mucho tiempo

traté de hallar la razón de mi brutal vigilia

pero lo sé ahora:

alguien que aún no conozco duerme por mí» (p 43)

Sin duda el autor es un gran lector y me atrevería a decir que el gran poeta venezolano José Antonio Ramos Sucre ha sido una de sus influencias literarias y de apreciada lectura. De Antonio Ramos Sucre leemos en Los lazos de la quimera (1954). «Yo velaba en la crisis de la soledad nocturna. El retrato de una mujer ideal, única alhaja del aposento, desplegaba mi sobrecelo, divertía algunas veces mi inquietud. Yo lo había conseguido en la subasta de unos muebles gentiles. El matiz de los cabellos me recordó los de una beldad grácil, fantasma del olvido. El pincel de un iluso había persistido inútilmente en imitarlos...» (p. 53).

    Ramos Sucre evocaba la figura de Ella y Arella evoca un recuerdo de la Mujer y acá leemos:

10

A ella, mi bautizo post-mortem

«Ella pedía un nombre; un nombre nada más. Que la llamaran con lo innombrable de algo no hallado jamás en ningún centro. Un nombre apenas que pudiera bordear su ausencia precipitada hacia hinchados abismos. Ella no ha logrado todavía olvidar el saxofón que abandonó el humo en su oído, aquella vez cuando la luna apareció entre sus piernas y, el lobo, con una contemplación de piedra, le extirpó el útero...» (p. 53).

    El autor en esta parte del libro no solo asombra por la versatilidad en la estructura de sus poemas, sino por un lenguaje más apasionado, intenso, "amor y desamor juegan en un mismo tablero, sin medias tintas". Hay una poesía más visible por el ojo y la tangente dónde concurren desvelos, la tensión erótica, lo onírico y siempre esa mirada, esas imágenes procesadas del lado de las sombras hacia la luz o viceversa.

(0)

Prisma

    Notamos en estos textos esa indagación del origen, la génesis que en muchos casos permite dar respuestas a nuestras preguntas, sobre Dios, universo, energía...pues somos parte de ese ojo que nos reproduce.

1

«el ojo es el párpado de otro OJO mayor

que sólo se abre al verte» (p 63)

Los poemas del autor vienen a ser prisma que se refracta y descompone antes de crearse una y otra vez

2

«El poema es

el tejido de la transparencia

con el que las palabras

se cubren

para confundirse en el horizonte

El poema

debe estar al fondo de ella

allí

se halla oculto

latiendo

el prisma de lo REAL» ( p 64).

    De la profundidad de la poética del autor no dudamos. Hay en esta parte del libro esa contemplación metafísica y en efecto existencial. Frente a lo real está la visión de ese Ojo escrutador, la esfera donde somos vigilados y somos vigilantes. Los poemas del autor también nos hablan del alma y el espíritu. En otros casos de la propia búsqueda del autor.

10

«el alma es un cascabel

que sólo en la oscuridad vibra

cuando el silencio enmudece

trepida en todos los espacios

con dilatados golpes de luz

                     en la concavidad del tiempo

                                                 donde el latido

de la muerte

subyace

                                       el alma

vibra

despertando a las cosas

del resplandor de su epicentro

para que así lo poros del abismo se abran

y en secreto me reciban

siempre» (p 72).

  

    Naturalmente Al fondo de la transparencia es un libro que nos deja aún a medias por su profundidad, me refiero a que merece más lecturas. Daniel Arella ha trabajado meticulosamente en su estructura, las imágenes con belleza pasmosa, a veces breve y otras con formas más extensas. La palabra con riesgo y medida, bien dosificada y bien puesta con riesgo y cada parte reviste transformación en un lenguaje autentico, en una búsqueda que no acaba, de sus lecturas dan cuenta sus mismos libros, ya sea por los epígrafes o por su esmero en la disciplina. Recordamos aquella máxima délfica de «Conócete a ti mismo» que seguramente el autor considera al momento de escribir, de expresarse, ya que este libro es como la luz que va penetrando en aquellos espacios oscuros, resucitando lo secreto. Suelo terminar con atrevimiento mis reseñas, agregando un elemento musical en muchos casos... porque leo un libro y pasa que me vienen canciones o ritmos, acaso se deba a mi lar nativo que está marcado por la música, así, mientras  leía estos poemas, me llegaba la canción de la banda de rock de los 90, Sentimiento muerto, Sin sombra no hay luz (1989): “Me encandilo al ver cuán ciega puede ser tu razón/ lo que estás buscando permanece igual/ desapercibido a tus ojos/ Siempre ha estado ahí/ forma parte de ti/ nunca se ha perdido/ tan sólo un olvido/ Sin sombra no hay luz...como dice la canción allí está siempre y no lo vemos dicen que ver y mirar no es lo mismo. Bien nos lo muestra el poeta Daniel Arella. Estaremos de acuerdo en que Daniel Arella hoy día constituye una de las voces más auténticas y de amplio labor en el panorama de la poesía joven y contemporánea venezolana. Como jugador de ajedrez sabe muy bien llevar al lector a su jugada poética, para beneplácito de los lectores. No en balde el libro culmina en regresión hasta el número (0) una perfecta esfera.

    Quiero decir finalmente, que esta reseña solo han sido un abreboca, no especializado o académico, de una lectura primera, de este bello libro; siempre dejamos que sean los lectores quienes, con su OJO que todo lo ve y lee, puedan llegar al fondo: Al fondo de la transparencia...con ustedes el conteo

3, 2, 1, 0

* Al fondo de la transparencia es un libro de la Cooperativa “ Caminos de Altair” y

 

Referencias

Centro de investigaciones literarias (2010) Valoración múltiple José Lezama Lima. La Habana. Cuba: Fondo editorial Casa de las Américas (Edición al cuidado de Roberto Méndez Martínez).

Ramos Sucre, José A (1954) Obras. Caracas. Venezuela: Ediciones del Ministerio de educación (Biblioteca popular venezolana).

Panero, Leopoldo (2010) Poesía Completa (1970-2000) Edic. de Túa Blesa. Madrid.España: Visor Libros, 4 edición (Volumen CDLX de la colección Visor de Poesía).


 Las criaturas del fondo. Tomado del fotobook personal de Norys Saavedra


Daniel Arella


Escritor venezolano (Caracas, 1988). Licenciado en Letras mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana por la Universidad de los Andes (ULA). Magister de Filosofía por la misma casa de estudios. Ha publicado el poemario Al fondo de la transparencia (Editorial El perro y la rana, 2009), la plaquette El loco de Ejido (colección de poesía naciente venezolana “Ojos de videotape”; Los Poetas del Cinco Editora, Santiago de Chile, 2013) y El andrógino ebrio en el Haitón (Nuevos Clásicos, Bolivia, 2017). Es autor de varias antologías críticas literarias. Ganó el primer lugar del Premio DAES de Literatura en la mención cuento (ULA; 2009 y 2016), mención honorífica en el Concurso Venezolano de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción (2017), el XIX Premio Iberoamericano de Poesía por Concurso “Ciro Mendía” (Casa Municipal de la Cultura del Municipio de Caldas, departamento de Antioquia, Colombia; 2015) con su poemario Anatomía del grito, todavía inédito, y su poema “Plegaria de las metamorfosis” fue seleccionado en el III Premio de Poesía Joven “Rafael Cadenas” 2018. Pertenece al equipo editor de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo (UC), Venezuela.