I
Una
mujer canta
no soy yo
una
mujer ríe
no soy yo
una
mujer sueña
no soy yo.
Una mujer salta del trampolín
esa
soy yo al vacío
una
mujer clama
soy
yo confinada al espiral
del
desamparo
una mujer anochece tus pasos
relampagueo de pecados
esa soy yo, viva.
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II
Soy
calle oscura
boca inmensa
dispuesta a devorarte los pasos.
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Las abuelas no mueren
Cuando
la abuelita Dolores murió
llegaron
a la casa de la tía
mi
madre que vivía a cuatro casas apenas
los
tíos y los primos que venían de otras ciudades
los
amigos de los tíos y las tías y los vecinos.
Nosotros
los primos y las primas éramos tan pequeños
como
la abuela para ese entonces.
No
sabíamos aquello de que la vida se
dejaba
por error sobre el asfalto y
las noches.
Sabíamos
jugar en la pérgola de trinitarias
de
la casa de una de las tías
inventar
aventuras sobre las copas de los arboles
y
escasamente aprendíamos a nadar
y
a conocer el sabor de los almendrones
sembrados
en el jardín de la casa de mi madre.
Llego
el carro negro
tan
negro y reluciente como el asfalto en verano
y
en él una gran caja de madera.
Era
tan grande la caja para albergar
el
cuerpo tan pequeño de la abuela
con
sus pocos cabellos lunosos
y
su silencio junto al montón de arrugas
y
todas las trinitarias que florecieron una vez en sus ojos
y
la piel injertada tras el incendio ocasionado
por
un cigarrillo y las pastillas de dormir
-esas
que no eran de caramelos-
que
usaron las tías y los tíos para engañarla
dulcemente como a una niña
como
a nosotros las primas y los primos pequeños
con
el asunto de la muerte y el paraíso.
Era
tan pequeño su cuerpo para ese momento
que
habría cabido en el costurero
de
madera de mi madre.
Cuando
sonó la campana
que
anunciaba la misa para despedir a la abuela
a
todas las nietas nos colocaron
sobre
los cabellos un velito redondo blanco
sujetado
con una horquilla
por
aquello de que no se los llevara
el
viento como a la abuela
y
a los primos los vistieron
con
la ropa de salir los domingos a visitarla.
Más
tarde la casa se quedó en silencio y vacía.
La
cama de la abuela quedo también en silencio y vacía.
En
la mesita de noche
dormían
sus escasas pertenencias
que
a los días nos repartieron
a
los primos y primas:
la
talla de la Virgen del Carmen
unas
estampitas de otros santos
la
medallita de la Santísima Trinidad del abuelo
y
el retrato del abuelo con la dedicatoria
A quien más que a ti Dolores con este amor
para siempre aun después de
muerto
y
en un monedero, unas poquitas moneditas
que
titilaban como el caminar de la abuela
y
unos zarcillos con aguamarinas
como
los ojos de la abuela.
La
abuela no había muerto.
La
abuela se fue a visitar unos días al abuelo
por
aquello de la promesa de amor juntos para siempre
escrita
en la parte posterior de su retrato.
Como
siempre siguen floreciendo las trinitarias
en
cada casa de la familia
iguales
a las de la casa del abuelo y la abuela
como
esas que se llevaron albergadas en sus pupilas.
La
abuela no ha muerto.
Todo
es un cuento.
Las
abuelas no mueren.
Si
colocas una caracola en tu oído
derecho
o izquierdo
las
escuchas hablar y cantar.
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Linda López
Estado Yaracuy. Venezuela, 1958. Abogada y Licenciada en Contaduría Pública. Pertenece al grupo de poesía de mujeres yaracuyanas: Voces Inéditas. Primer Premio de Poesía “Rafael Zarraga” (2007), patrocinado por el Instituto Autónomo de Cultura del estado Yaracuy, con la obra “Calendario del Deseo”.Finalista(2009) en el 2do. Concurso Nacional de “Cartas de Amor” convocado por la Fundación Red Nacional de Escritores de Venezuela, capítulo Sucre, en honor al poeta sucrense Hisdis Rafael Caraballo. Tercer lugar(2012) en cuento breve en el IX Concurso Anual de Cuento Breve y Poesía de La Fundación La Librería Mediática y TVLecturas. Mención Honorifica(2014 / genero poesía) con el poemario “Estaciones de Mujer” en el Concurso Municipal de Literatura “Rafael Ángel Insausti”, convocado por la Secretaria de Cultura y Turismo de la Alcaldía del Municipio Barinas, En el IV (2019) y V(2020) Concurso de Crónicas Profesor Domingo Aponte Barriosconvocado por el Centro de Historia del Estado Yaracuy, el ICEY y la Alcaldía del Municipio Independencia,Primer Premio con la crónica “El Centinela de los Enfermos” y Mención Especial con “El arca del testamento viaja a Tierra Fría”, respectivamente. Tiene libros publicados, entre ellos: “Calendario del Deseo” (2009) y por la Editorial El Perro y la Rana: “De tanto ir a tu encuentro” (físico y digital) y digital “A punta de Baladas Tintas”.
Fotografía de portada: Juancho Domínguez