Juan,
el Hombre-Mono y El Ciudadano sin Fin
por Mgs. Sc. Camilo Morón
En Reverón, el Mito y el Mono, escribe
Juan –me permito la confianza porque un Poeta debe ser considerado antes que
nada como un amigo, y un historiador y crítico de arte como un amigo un poco
más severo– : “De algún modo se hubiera podido pensar que más que un pintor
Reverón era un gran actor. Era ante todo un hombre de teatro, conforme nos lo
presentaba la leyenda y, mejor aún, esa existencia real que las monografías
inútilmente se empeñan en aclarar. En principio, observamos la farsa que él ha
montado alrededor suyo, en medio de la espuma del mar que baña sus barbas,
mientras trata de aproximarse a sí mismo construyendo su caparazón de caracol para escapar a los charlatanes,
los turistas y los comerciantes de cuadros, de cuya presencia, sin
embargo, no podrá librarse jamás su
miseria. Se respira en torno un aire de tragedia, a donde ha venido a dar ese
inofensivo juego de duendes que comenzó cuando Reverón era un niño y jugaba con
los pomos de maquillaje de su madre neurótica, que era también actriz
fracasada. Encontramos el humor propio del comediante y, por sobre todo, la
voluntad de restituir el mundo a su origen, que es la actitud firme del que
decide ser protagonista de su obra, aunque se sacrifique a ella en una
impersonalidad que en Reverón se funde con la claridad soberana del mar.” Con
trazo ágil e impresionista pinta Juan el universo imaginario y hermético que el artista ha elegido como morada; una
mirada sobre la sociedad burguesa muerde con ironía. El crítico se hace
cómplice de la farsa y su mirada expectante se conjuga con la puesta en escena,
decodificándola.
Juan, reincidente de la vigilia y visitante
desde el ensueño, volverá, con el paso deltiempo,
una y otra vez a la casa de Reverón. En Castillete, un Protagonista Silencioso,
escribe: “Los restos de la estructura arquitectónica desarrollada por Armando
Reverón para vivir y crear en una morada cosida al cuerpo, según las
necesidades de su desplazamiento frente al lienzo y la vida, constituyen hoy
[1997] un hito de nuestro patrimonio cultural. La casa de Macuto donde resultará
la eclosión de esta obra fundamental es la representación objetivada del mundo
interior del artista… Concebido en principio como vivienda y taller, el
Castillete de Macuto transcendió esas meras formulaciones vitales para
convertirse con el tiempo en la representación física del universo de Armando
Reverón. Testamento, morada y reino de su utopía, albergue de sus múltiples objetos,
circo para el juego y plataforma teatral, el Castillete recupera para nosotros
la imagen de una arquitectura orgánica desde cuyo ámbito solar la obra del
artista concentra e irradia hacia el exterior la energía que le comunica una
sabia, constante y metódica interacción con la naturaleza.” Y páginas más
adelante, precisa en un juego de reiteraciones: “Reverón se movió en este
espacio como si su casa fuera de la naturaleza. El Castillete en pleno era para
él parte de la naturaleza. Pues no establecía límites entre él y lo que lo
rodeaba. Lo que rodeaba, la naturaleza, era también parte de él. Y se esforzaba
en comprenderla.”
Decía Wilde que una manera de vencer
sobre la tentación es sucumbir a ella. Venzo
la tentación que supone para mí escribir sobre el momento en que supe
que Juan Calzadilla era Poeta y hablo de un libro deshojado encontrado en una
libreríade segunda mano: Ciudadano sin Fines un libro dos
veranos mayor que yo, fue publicado por Monte Ávila en 1970; es una antología
que reúne poemas de Dictado con la Jauría (1962), Malos Modales (1965), Las
Contradicciones Naturales (1967) y Ciudadano sin Fin (1969). Andando el
tiempo di con la contraportada donde leo: “Fue una poesía donde la palabra
quiso ella misma testimoniar sobre la violencia social encarnándola en las condiciones en que el creador aceptó
el reto de la realidad para hacerla objeto de su lenguaje primordial. Escrita
casi siempre en forma de monólogo, en primera persona, la poesía de Calzadilla
describe acciones absurdas e irreversibles atribuidas a un personaje mítico,
oscuro, sin papel en la sociedad, el ciudadano sin fin del título del libro,
sujeto alienado por sus relaciones monstruosas con la ciudad, privado de
convivencia y destino.” El ciudadano sin fin de lo cotidiano, ficha anónima
móvil en el ajedrez urbano es pintado en una galería de retratos sin rostros:
“diariamente soy empujado a ser otro/ y el papel me va bien/ Los modales de
reptil con que cubro las apariencias abruman la soledad de mis trajes
desmedidos, arruinan el efecto de mis máscaras.” En Los métodos necesarios:
“las costumbres han hecho de mí un ser
abominable/ impaciente, aguardo todo el día como un funcionario privado del
sueño a quien se le obliga a permanecer amarrado eternamente a su silla.” Y
allí, en ese retrato erosionado por la rutina, florece la violencia: “…me
reconozco en mi córnea de salamandra furiosa/ me reconozco en la selva urbana que
me propone una máscara/ para dar los buenos días desde una claraboya demasiado
alta/ me reconozco en la oscuridad donde dejo de verme y en medio de mi alegría
cifrada por los despojos de miseria que apuñala mi ojo.”
Por las noticias que nos da este libro,
al mismo tiempo que nos enteramos que Calzadilla fue uno de los miembros
fundadores del “Techo de la Ballena”, se
nos descubre que nació en Alta Gracia de Orituco; y este dato aparentemente
vano, es clave: Explica el deambular de Juan por Venezuela como si estuviese a
la caza de una casa. Su silueta delgada se le ha visto llevada por los vientos
en La Vela de Coro, proyectar su sombra puntual en mitad de los rigores solares
de Curiana, la antañona Santa Ana de Coro. Los cabellos de otoño y plata riman con
el perfil de la Cordillera Andina, la plaza Bolívar de Mérida atestigua su
peregrinar bohemio en el frío purpura de la noche constelada. Fue en Mérida
donde firmamos un Manifiesto que
Calzadilla nos propuso en defensa de la Poesía como expresión de la condición
humana, “…de lo que se trata ahora es de encontrar poetas que sepan decir
presente, poetas que deseen juntarse al resto de los mortales para
luchar por sus causas…”
Propuse trocar mi firma por un autógrafo suyo en el libro deshojado…, y fue un buen trato. Desde aquellos días en que la juventud quería tomar el cielo por asalto y el ciudadano sin fin acechaba desde las entrañas de la ciudad caníbal, han transcurrido muchos desvelos y muchos sueños; aquellos sueños de los que el Poeta, crítico e historiador del arte, Juan Calzadilla escribiera en Dualidades: “Si duermo ya no soy culpable, excepto si sueño”.
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Camilo Morón
(Venezuela): Historiador, Etnólogo, Museólogo
y Pedagogo. Coordinador del Aula Laboratorio de Conservación y Restauración de
Bienes Arqueológicos y Paleontológicos (ALab-CRBAP) de la Universidad Nacional
Experimental Francisco de Miranda (UNEFM). Investigador de los centros: CIPICS
(Centro de Investigaciones del Paleo-Indio y el Cuaternario en Suramérica), CINA
(Centro de Investigaciones de la
Noosfera y el Antropoceno) y CICSPMA (Centro de Investigaciones de Ciencias
Sociales del Pedro Manuel Arcaya) y la RSICH (Red Social de Investigadores de
Ciencias Humanas) de la Fundación de Ciencias y Artes Cudán de Cuté.
Coordinador del PNFA-PROEA Pedagogía Alternativa y Crítica de la Antropología,
la Arqueología y la Etnohistoria de Venezuela de la Universidad Politécnica
Territorial de Mérida Kléber Ramírez (UPTMKR). Editor- Director de Bacoa. Revista Interdisciplinaria de
Ciencias y Artes & Cruxentiana.
Comunidad y Patrimonio.

