Terror postmoderno
Ustedes dirán lo que quieran, pero uno nunca está preparado para perder lo que más ama.
A mí me faltó olfato, un
presentimiento, intuición.
Todo ha ocurrido como ocurren las
peores desgracias: en un instante imprevisto y terrible de una tarde aciaga de
mayo.
Ya me lo decían: -"No te fíes..."
No voy a negar que al principio, muy al
principio, fuera cauteloso, ya que siempre tuve un miedo atroz a relacionarme con los demás, y qué decir de
ellas... ¡Se suele perder tanto y ganar tan poco!
Sin embargo, en este caso, la compenetración fue tan increíble desde el
comienzo, que al natural recelo inicial en mí, le siguió una profunda
admiración y, más tarde, la adoración más absoluta.
Además, muy pronto noté los cambios
positivos que esta relación operaba en mi vida. Así, por ejemplo, los más
variados proyectos profesionales, antes dudosos, frustrados, o simplemente
perdidos, culminaban ahora brillantes, audaces y exitosos. Incluso, mis
relaciones sociales (yo, fatalmente destinado a la misantropía), mejoraban notablemente.
Ella siempre estaba ahí, recordándome cada cumpleaños, cada cita, cada
acontecimiento importante. Así que no es de extrañar que cada vez me apoyara
más en ella y en sus fantásticas cualidades.
En fin, que le confié todo.
Sin embargo, algunos me avisaban:
-"No te fíes...", pero yo adivinaba tras sus palabras sólo una
gigantesca y malsana envidia.
Hasta mi imagen cambió radicalmente.
De lucir desaliñado, despreocupado por mi aspecto, pasé a vestir a la moda, a
conocer las últimas tendencias, a comprar y distinguir
los perfumes de marca... Era indudable que el cambio no se refería sólo a lo
estético: a través de ella se me abrió
un mundo nuevo, nuevos conocimientos, nuevas inquietudes.
Mi curiosidad e interés sobre un montón de materias se hicieron ahora insaciables. Y ella me ayudaba, me complacía
siempre, dispuesta a resolver cualquier duda, a atender cualquier deseo. Sin
embargo, una y otra vez esas voces insidiosas y rastreras me susurraban:
-"No te fíes...".
Como he señalado, no es la intuición una de mis mejores cualidades, y fue por
eso por lo que no presté atención a sus primeros errores. Somos todos tan
complejos, tan humanos,
tan difíciles de entender a veces. ¿Por qué ella iba a ser diferente? ¿Es que
no tenía derecho a equivocarse? Además, tampoco fueron tantos los errores, ni
tan importantes. Le había confiado ya tantas cosas...
Y, así es, que hoy, a las 14:35 de
este aciago día de mayo, un horrible ruido metálico ha paralizado mi corazón.
Estaba en mi habitación, escribiendo unas notas, cuando del estudio, donde ella
trabaja habitualmente, ha llegado un
ruido extraño, un sonido sordo y rítmico (como la agonía de los pájaros), tan inusual y desconcertante
que mi alma de cristal se ha empañado por momentos. Al entrar y verla parpadear
sobre la mesa tan desacompasadamente, he
llamado rápidamente a uno de esos servicios urgentes que anuncian en los
periódicos, pero al fin, tras varias horas de intensos esfuerzos, todo ha sido
inútil.
Desgraciadamente, hace un momento, me acaban de confirmar el más terrible de
los presagios: Mi amada, mi
querida y adorada computadora, ha muerto. Y yo, imbécil de mí,
confiando ciegamente en ella, nunca
hice una copia de seguridad. Y lo peor son esas voces chillonas, como de rata, que a carcajadas han
empezado a atormentarme:
- "No te fíes....".
〰
Suso González

